Certicar asistió el pasado 18 de junio a la jornada técnica organizada por ASOPROVAC en Madrid en el marco del proyecto europeo LIFE Carbon Farming, dedicada al potencial del sector agro-ganadero en la transición hacia una economía sostenible. Las ponencias abordaron la medición de la huella de carbono desde tres ángulos complementarios: el marco internacional (OCDE), la experiencia operativa del mercado francés de créditos de carbono (IDELE) y la herramienta de evaluación ambiental BovidCO₂, desarrollada por NEIKER para el vacuno de carne en España. A continuación, se presenta un resumen de lo que se expuso en esa jornada y de la documentación pública disponible.
Una presión que baja por la cadena de suministro
La medición de la huella de carbono ha dejado de ser una cuestión secundaria para muchas explotaciones ganaderas. Los grandes distribuidores europeos y globales están fijando objetivos de reducción de emisiones de Alcance 3 (emisiones indirectas asociadas a proveedores, transporte, productos y otras actividades de la cadena de valor) alineados con los Science Based Targets, y esos compromisos se trasladan contractualmente aguas arriba hasta el proveedor de materia prima. Cuando Carrefour, Tesco, Ahold Delhaize o Walmart incorporan la huella de carbono del producto a sus requisitos de cadena, el ganadero que no pueda documentar la suya queda fuera de la ecuación comercial.
Para que esa medición sea operativa en las cadenas alimentarias se necesita, según el análisis de la OCDE recogido en su informe Measuring Carbon Footprints of Agri-Food Products: Eight Building Blocks, una infraestructura compuesta por al menos ocho elementos: estándares de reporte, métodos científicos actualizados, herramientas de cálculo a nivel de explotación, bases de datos secundarias, un mecanismo de comunicación del dato a lo largo de la cadena, otro de aseguramiento de su integridad, otro de escalado a costes razonables y, finalmente, uno de actualización continua. Algunos de estos bloques están razonablemente cubiertos (los estándares existen, las herramientas proliferan); otros, no.
El punto débil es precisamente la fiabilidad y comparabilidad del dato. Un estudio publicado por RSK Adas en 2023 evaluó seis herramientas de cálculo de uso común en el Reino Unido aplicándolas a las mismas explotaciones y encontró diferencias de hasta 4,5 veces entre el resultado más alto y el más bajo en avicultura, 2,5 en porcino y 1,6 en lácteo. No son diferencias entre granjas con prácticas distintas: son diferencias entre herramientas midiendo lo mismo.
El laboratorio francés: Label Bas Carbone y sus lecciones
Francia es el país europeo que más ha avanzado en la operativización de un mercado nacional de créditos de carbono agrícola. El esquema Label Bas Carbone (LBC), promovido por el Ministerio de Transición Ecológica, certifica reducciones de emisiones en explotaciones ganaderas mediante el método Carbon Agri, que cubre vacuno de leche, vacuno de carne y grandes cultivos con un enfoque de explotación completa basado en Análisis de Ciclo de Vida.
El ciclo de un proyecto LBC dura cinco años: diagnóstico inicial con la herramienta CAP’2ER, control intermedio y auditoría final con verificación externa. Los resultados del primer proyecto colectivo son significativos: más de 115.000 toneladas de CO₂ equivalente evitadas y 262 explotaciones financiadas por compradores como EDF, Air France o Crédit Agricole. Pero el modelo también ha puesto de manifiesto dificultades operativas relevantes. Un 17 % de las granjas registró ganancias de carbono negativas, el Ministerio acumuló retrasos en la emisión formal de los créditos, y la financiación anticipada al ganadero genera una fricción contractual que penaliza al crédito agrícola frente al forestal: los proyectos forestales se financian al 50-100 % de su potencial y los agrícolas solo al 5-40 %, a un precio medio casi el doble (en torno a 45 €/tCO₂eq frente a 25 € en forestal).
El propio esquema francés reconoce como asignatura pendiente la conexión del crédito de carbono con el reporte de Alcance 3 y con el producto, no solo como compensación aislada en el mercado voluntario global, sino articulado por cadenas de valor.
BovidCO₂: la herramienta española
La herramienta BovidCO₂ (BÓVIDO), desarrollada por NEIKER en colaboración con ASOPROVAC dentro del proyecto LIFE Carbon Farming, es la adaptación al vacuno de carne español de esta misma lógica de cálculo. Se trata de una herramienta multicriterio que combina indicadores ambientales, económicos y sociales, modela la cadena en tres fases (nodriza, cebadero y matadero) y expresa los resultados por unidad funcional: peso vivo, peso canal, pieza y hectárea. Calcula la huella bruta y la neta (descontando el secuestro de carbono en suelo) con factores de caracterización del IPCC, y permite la simulación de prácticas antes de implantarlas.
El detalle de las entradas es considerable: censos por tipo de animal y tramos de edad, gestión del estiércol, composición de la ración con factores de emisión específicos por concentrado, consumos energéticos, fertilización y agua. Y el módulo de asignación de impactos al matadero sigue la metodología PEF/PEFCR por asignación económica, de modo que las piezas de mayor valor de mercado absorben proporcionalmente más carga ambiental.
BovidCO₂ se inserta en un ciclo de Seguimiento, Notificación y Verificación (SNV/MRV) de cinco años, análogo al francés: diagnóstico inicial, seguimiento intermedio y auditoría final con verificación externa. El reconocimiento de los créditos de carbono llega al final del ciclo, tras esa verificación.
Lo que queda por resolver: del cálculo a la confianza
Leídas en conjunto, la radiografía de la OCDE, la experiencia operativa francesa y la herramienta española dibujan un sector que ya dispone de capacidad de cálculo sofisticada y de experiencia real en proyectos de créditos de carbono, pero que sigue afrontando un problema anterior al propio crédito: que el dato de partida sea fiable, comparable entre herramientas y verificable a lo largo de la cadena de suministro. La OCDE lo formula como los bloques quinto y sexto de su modelo (comunicar el dato y asegurar su integridad); la experiencia francesa lo muestra en las dificultades prácticas del Label Bas Carbone; y la herramienta española lo deja abierto en la construcción estadística de su escenario de referencia.
Es un espacio técnico donde la evaluación independiente de la conformidad (verificar que lo que el ganadero declara en la herramienta corresponde con la realidad de la explotación, y que el crédito resultante es trazable y comparable) tiene un papel natural que desempeñar.

