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Hoy, de la mano de Paloma Llaneza, hemos participado en las III Jornadas Tecnológicas del Notariado, celebradas en el Colegio Notarial de Valencia, dentro de la mesa redonda «Europa ante el dato. Retos y competitividad». Una jornada de primer nivel, con Lorenzo Cotino, presidente de la AEPD, en la ponencia inaugural, y con interlocutores como Daniel Sáez Domingo (Gaia-X España) y Joseba Laka (Tecnalia, AMETIC).

La tesis que llevamos a esa mesa no era la habitual. En los debates sobre economía del dato, el foco casi siempre recae en el cuánto: tamaño del mercado, volumen de inversión, capacidades de cómputo. O en el dónde: cloud soberano, AI factories, espacios de datos. Lo que rara vez se discute es el cómo. Qué hace, exactamente, que un dato pueda circular entre dos empresas, dos administraciones o dos jurisdicciones europeas con garantías jurídicas, con valor probatorio, con responsabilidad asignable. Sin esa capa, todo lo demás son maquetas muy caras.

Esa capa, la infraestructura de confianza digital, tiene cinco componentes concretos: la identidad electrónica, la firma cualificada, el sellado de tiempo, la entrega electrónica certificada y los wallets de identidad como el EUDIW. Cinco mecanismos que en el mundo físico llevan ocho siglos en manos del notariado: identificar, dar fe, fechar, conservar, hacer circular con valor probatorio. Lo que cambia es la infraestructura sobre la que se apoyan.

El contexto en el que se debatía esto importa. Europa es la única jurisdicción del mundo construyendo una infraestructura de confianza a la vez pública y certificada. En Estados Unidos, la confianza es un producto privado de los hyperscalers: no hay marco común, no hay certificación independiente. En China, el Estado es a la vez proveedor, regulador y auditor. Europa ha elegido un tercer camino, más complejo: prestadores privados, supervisión pública, auditoría independiente acreditada. Es la única pieza del puzle digital europeo donde no vamos por detrás.

El EUDIW no es, como suele simplificarse en la prensa, un DNI digital. Es el sistema circulatorio de la economía del dato europea. El mecanismo que permitirá que un notario verifique una identidad europea en segundos con valor probatorio pleno, que una administración emita una credencial válida en otro Estado miembro sin papel, que un ciudadano controle qué atributos suyos circulan, con qué finalidad y durante cuánto tiempo. Es, en definitiva, la versión europea de la función de circulación que el notariado conoce bien.

La reflexión con la que cerramos tiene una dimensión estratégica que vale la pena subrayar: la soberanía del dato no se decreta por ley. Se construye porque existen organismos capaces de verificar de forma independiente que un prestador, un componente o un proceso cumple con las reglas acordadas. Si la capacidad de acreditación y certificación no acompaña al ritmo legislativo, la soberanía es cosmética. Tenemos la mejor regulación del mundo y corremos el riesgo de tener la peor implantación. Un auditorio de notarios es, probablemente, el mejor posible para esta conversación. La función de confianza no les es ajena; les es constitutiva. El reto es que el notariado europeo se perciba no solo como usuario de estas infraestructuras, sino como actor con criterio sobre cómo deben diseñarse.